El otro día iba en el metro sentada, leyendo un libro, de camino a clase y como suele ser normal, en ciertas paradas se llenan los vagones. No habían casi ni cerrado las puertas para volver a ponerse en marcha, cuando una mujer bastante entrada en edad (igual tendría sus 80 años, pero se la veía en un perfecto estado físico) me da en el hombro un toquecito y me pregunta que si no tengo intención de levantarme para que ella se siente y que vaya educación la de los jóvenes de hoy en día, que a saber cómo serían nuestros padres que no nos enseñaban a actuar respecto a las personas mayores.
Me levanté, diciendo un "disculpe, señora, siéntese" y seguí leyendo mi libro sin inmutarme lo más mínimo, hasta que volvió a llamar mi atención la forma en la que hablaba de los jóvenes con otra señora que se había sentado a su lado. "Son unos desvergonzados que no tienen educación, ni respeto alguno por las personas mayores. De haber nacido hace unos 40 años, estarían en el colegio aprendiendo cosas útiles y no las tonterías que les enseñan hoy en día".
Muy bien eso de criticar a la juventud imperfecta que hay hoy en día, nos culpan de nuestros fallos, como si ellos no hubieran sido los causantes de ello. Una falta de disciplina, un respeto que no se muestra, mil cosas que se podrían analizar.
Si quizás esa señora hubiera enseñado a sus hijos a como educar a los suyos, no estaríamos ahora mismo en esta situación de falta de una buena educación. Padres que confían sus hijos a la mejor guardería, creyendo que por unos cuantos cientos más de euros, van a salir personas más educadas, respetuosas y honradas. No sé quién va peor desencaminado, si esos padres que no saben educar a sus hijos o esos hijos que no saben escuchar los consejos vacíos de sus padres.
sábado, 23 de octubre de 2010
jueves, 21 de octubre de 2010
Una cría...
Y sabes perfectamente que no deberías hablar, que no deberías decir lo que dices y que no deberías actuar como actúas... Pero al fin y al cabo, sólo se vive una vez. No te andes con tonterías, no te calles lo que piensas y no hables si no quieres.
Tú decides el cómo, cuándo, dónde y porqué... No dejes que nadie lo haga por ti.
Naces, te cuidan. Creces, empiezas a ser suficiente. Te haces mayor, tu cuidas a alguien. Mueres y ya no existes. Tienes 365 días al año y una media de unos 80 años para hacer lo que te da la gana. Para decidir cómo vivir y para compartir buenos ratos con quien tu quieras.
Sé una niña cuando te toque serlo, que ya tendrás tiempo de ser adulta. No dejes que porque otros te llamen cría, te hagan madurar más rápido de lo que deberías, porque sólo serás una niña una vez y no tendrás opción a volver a serlo. Ya tendrás ocasión de demostrar tu madurez a lo largo de tu camino muchas veces.
Disfruta siendo pequeña, valora las pequeñas cosas que te hacen feliz, sonríe hasta por ver una mosca pasar... Porque a medida que pasen los años, las pequeñas cosas dejarán de hacerte feliz, empezarás a ver que para la felicidad te hacen falta más cosas, te olvidarás de los pequeños detalles y no te reirás nunca más al ver una mosca pasar.
martes, 19 de octubre de 2010
Mi facultad
Quisiera describir el sitio donde más horas al día paso, ese sitio donde nunca quiero ir, de donde es imposible salir feliz, sí, hablo de mi facultad, la tengo taaaanto cariño...
Algunos lo llaman "La cárcel" y nunca mejor dicho, si te fijas, mires por donde mires, son todo barrotes... Dan una imagen pésima al edificio, que si lo comparas con los que hay alrededor, deja mucho que desear. Unos se enorgullecen teniendo un caballo y unos pequeños jardines para poder hacer bien las quedadas para beber, otros tienen edificios super modernos con las últimas tecnologías... Pues nosotros... ¡Nosotros tenemos barrotes! ¿Algún problema?
Nada más entrar puedes sentir el frío que transmite ese lugar...Espacios muy amplios, todo gris, colores feos para marcar las plantas, escaleras por todos lados, carteles colgando de a saber donde, escritos por paredes como actos de rebelión, colillas apuradas por los suelos de estudiantes agobiados, restos de comida en cada esquina, en fin, es lo menos parecido a un lugar para el perfecto estudio.
Pero me adentraré más en la parte que de verdad me afecta, las clases... Hablo de la mía de este año, puesto que tampoco es que haya visto demasiadas más... Si la comparo con la del año pasado, es como una cámara de gas para judíos (no quiero herir la sensibilidad de nadie), mucha gente, poco espacio, mesas incómodas, micrófonos que no se escuchan y pintadas... Yo creo que no quieren que vayamos a clase o algo así, si no, de verdad que no lo entiendo. Entiendo que los presupuestos que destinan a las Universidades públicas, sean tan bajos, que ni pueden pagar a veces buenos profesores; pero algunas veces, hay cosas que ya es demasiado... Agujeros en el techo, calefacciones que no funcionan, baños siempre averiados, puertas que no abren, ascensores que no suben... Pero todas esas clases de cosas que hacen que sea una facultad maravillosa.
lunes, 18 de octubre de 2010
La puta realidad
Notas como de repente nadas en un mar de lágrimas, bueno, nadas, buceas, te ahogas, lo que tu prefieras... Te encierras en tu rincón, en el recoveco que hay debajo de la mesa donde nunca nadie te encuentra, puedes llorar, gritar, que nadie te escucha, estás tu sola, como tu querías.
Te pones la música super alta, no quieres saber lo que pasa a tu alrededor, solo quieres llorar. Así que, para qué esperar más tiempo... ¡Rompes a llorar! Una lágrima, tras otra, es como un cuento sin final. Cuanto más lloras, más ganas sientes de seguir llorando y notas como la rabia se apodera de ti. Ya no lloras por el motivo por el cual empezaste; lloras por todas esas cosas que se han ido acumulando, la gota que colma el vaso, como se suele decir.
En tu rincón te sientes una princesa conquistando territorio, nada te frena porque no hay nada, ni nadie. Cierras los ojos y te vas a un mundo mejor, donde solo tu reinas, donde todo es como tu quisieras. Abres los ojos de nuevo y ahí está otra vez esa puta realidad.
domingo, 17 de octubre de 2010
Sin más
Yo te ignoro, tu me ignoras,
ya no lloro y pasan las horas...
Miro la ventana y recuerdo como me abrazabas,
me hacías sentir la princesa de tus cuentos
me cantabas y yo sentía como me deseabas.
Me decían que mentías, yo no quise escuchar
y por negar la evidencia, ahora ando cual alma en pena
esperando a que vengas, esperando a que vuelvas.
Tu te vas , yo me quedo,
y ahora que ya no estás,
no quiero, ver como con otras te vas,
sin siquiera mirar atrás.
Yo te pienso, tu te ríes
y es que quiero que me acaricies...
es un sentimiento inmenso.
Verte con otras, saber que no me sueñas...
Dime las cosas, tal cual son...
no prometo no llorar, pero sabré escuchar.
martes, 12 de octubre de 2010
Sin retorno
Es un adiós sin palabras, un adiós que se pierde de camino entre tu casa y la mía. Una despedida sin protagonistas que la vivan, porque ya no hay una historia entre nosotros. Ya no queda nada que nos haga permanecer unidos.
Y si me preguntas, si de verdad quieres saber mi opinión, te diré que estoy segura de que esta vez ya no hay marcha atrás, que esta vez no hay más oportunidades, que esta vez se acabó para siempre.
Sé que puede sonar repetitivo, que te he dicho adiós tantas veces, que igual te crees que ya no puedo vivir sin ti...Y quizás sea así y no pueda; pero si algo tengo claro, es que contigo tampoco puedo vivir... Seguimos en esa balanza de ni contigo ni sin ti y no funciona.
Y me duermo y sueño y te veo y me despierto con los ojos llorosos y no dejo de pensar en esa última noche en la que me abrazabas y mientras me dabas un beso en la frente, me decías que siempre me querrías...
Tu tren partió y tu con él... Se te olvidó comprar el billete de vuelta y ahora ya es tarde... Pero de verdad, que te deseo lo mejor.
miércoles, 6 de octubre de 2010
La sorpresa
Llamaste a primera hora de la mañana, despertándome, yo pensé en matarte por teléfono... No sé, mandarte a un matón a sueldo o algo por el estilo, porque no era normal la hora de tu llamadita, sabiendo que yo nunca madrugo... Pero en cuanto reaccioné un poco, cambié las ganas de matarte por la sonrisa tonta de una enamorada.
"En 15 minutos estoy ahí"... No habías ni colgado y yo ya estaba dando un salto enorme para salir de la cama corriendo y meterme en la ducha, para que me diera tiempo a arreglarme un poco y no me piyaras con los pelos de recién levantada. Mientras me duchaba iba pensando cómo si normalmente tardo una hora en estar lista, o incluso más, iba a conseguir estar decente en tan solo 15 míseros minutos.
Salgo de la ducha, me pongo lo primero que piyo del armario, porque claro, con el poco margen de tiempo que tengo, no puedo ni permitirme el lujo de quedarme mirando como una boba el armario deciciendo... (Aquí viene mi secreto... Lo primero que piyo, viene siendo un modelito preparado para casos de emergencia que como toda mujer tengo, en el que tienes que estar ideal, pero sin que parezca que llevas media hora preparándote... (Si supierais que en realidad ese modelito tardé 3 días en elegirlo...)) Eso sí, ¡iba ideal!... Mientras termino de vestirme, voy viendo el desastre que tengo por casa... ¿Cómo voy a recibirle así?... Va a pensar que soy un desastre...
Me quedan como 6 minutos... Aún sin maquillar y sin recoger la casa... Voy metiendo todo lo que piyo a mi alrededor por cajones, armarios, escondiendo las cosas detrás de los muebles... Todo vale para que parezca que está ordenado.
Vale, estoy vestida, maquillada y la casa está decente...Y aún me sobra como un minuto, pero antes de que acabe, tu ya estás llamando a mi timbre... Voy hacia la puerta como buenamente puedo, las piernas empiezan a jugarme malas pasadas, noto como intentasen quedarse quietas mientras mi cerebro las ordena moverse; es algo raro si te paras a pensarlo detenidamente, pero como no tengo tiempo ni para pensar, dejaré este tema para otra ocasión.
Me acerco a la puerta, la abro y le veo, con cara de preocupado... Estaba como si se le fuera a salir el corazón (aunque por un lado es algo bueno, lo tendría en mis manos para que nunca me dejara sola). Le miro y le pregunto que qué le pasaba, que a qué se debían tantas prisas por verme, que no eran horas, bla bla... Empiezo a hacerle una ronda de preguntas, mientras veo como su cara de nerviosismo va en aumento y como si de una cámara lenta se tratase, se acerca a mi para callarme con un beso. ¡Buena respuesta!
Se aleja un poco y cogiéndome de las manos me empieza a decir lo importante que soy para él. Noto como los colores se me van subiendo, mientras me acuerdo de la fantástica idea de una amiga de poner una lamparita de luz roja en el recibidor, para en momentos como este, que no te delaten los colores. Pero claro, el problema está en que mientras el se me está declarando, yo no puedo dejar de pensar en la dichosa lámpara roja...
Y... ¿Qué haces cuando te declaras a alguien y notas que no te escucha, que está como ausente y que le da igual lo que tanto te está costando decir?... Dices adiós, te das la vuelta y te vas... Pues eso es lo que me ha pasado a mí con el que estoy segura, hubiera sido el amor de mi vida.
Creo que para el resto de mi vida me acordaré de la "sorpresa" que me dio.
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